Durante décadas, vestirse para salir a la calle fue un acto casi automático, regido por normas sociales no escritas que definían qué era apropiado y qué no. Sin embargo, esa lógica está cambiando. En España, cada vez es más común ver a personas que deciden salir en pijama para realizar actividades cotidianas, desde hacer compras rápidas hasta tomar un café, una práctica que hasta hace poco habría sido impensable.

Lejos de ser una simple excentricidad, este fenómeno forma parte de una tendencia global conocida como NBN (Netflix-Baguette-Netflix), un concepto nacido en París que describe la acción de salir a la calle en ropa de dormir para realizar recados rápidos sin preocuparse por la apariencia.

El crecimiento de esta tendencia no puede entenderse sin el impacto de la pandemia. Durante meses, el hogar se convirtió en el centro de la vida cotidiana, y el pijama pasó de ser una prenda exclusivamente privada a convertirse en una especie de uniforme diario.

Cuando las restricciones terminaron, muchos hábitos se mantuvieron. La comodidad, antes reservada al ámbito doméstico, comenzó a trasladarse al espacio público. Así, salir en pijama dejó de ser un descuido puntual para convertirse en una elección consciente.

Este cambio también refleja una transformación más profunda: la ruptura de la frontera entre lo público y lo privado. Lo que antes pertenecía exclusivamente a la intimidad ahora se expone sin complejos.

El auge del “pijamismo” no responde a una única motivación. Para algunos, es una cuestión de practicidad: evitar el esfuerzo de cambiarse para realizar tareas simples. Para otros, representa un gesto de libertad, una forma de desafiar normas sociales consideradas obsoletas.

Pero también hay una lectura más profunda. Expertos en moda y comportamiento señalan que esta tendencia puede estar relacionada con el cansancio social acumulado en los últimos años. Vivimos en una cultura que exige productividad constante, imagen cuidada y presencia permanente, y el acto de salir en pijama puede interpretarse como una forma de resistencia a esa presión.

En este sentido, no se trata solo de comodidad, sino de una declaración simbólica: priorizar el bienestar personal sobre la apariencia.

Aunque su origen se sitúa en París, la tendencia NBN se ha expandido rápidamente a otras ciudades del mundo, incluyendo Madrid, Barcelona, Londres o Nueva York.

Las redes sociales han jugado un papel clave en esta expansión. Influencers, celebridades y usuarios han normalizado este tipo de looks, mostrando que el pijama puede formar parte del estilo cotidiano.

Además, la evolución de la moda hacia el “loungewear” prendas cómodas que pueden usarse tanto en casa como en la calle ha facilitado esta transición. Lo que antes era ropa de dormir ahora se rediseña con una estética más cuidada, permitiendo su uso en contextos públicos sin perder coherencia estilística.

Como toda tendencia disruptiva, salir en pijama genera debate. Para algunos, representa una evolución natural de la moda hacia la comodidad. Para otros, plantea problemas relacionados con la higiene, la imagen personal y el respeto por los espacios públicos.

Esta dualidad no es nueva en la historia de la moda. Muchas tendencias que hoy consideramos normales como los jeans rotos o el uso de zapatillas en contextos formales también fueron cuestionadas en su momento.

El pijama en la calle se sitúa ahora en ese mismo punto: entre lo innovador y lo polémico, Reducir este fenómeno a una moda pasajera sería simplificarlo demasiado, porque lo que realmente está en juego es un cambio profundo en la forma en que entendemos el vestir: la ropa ya no responde únicamente a normas externas, sino que se convierte en una herramienta de expresión individual donde la comodidad, la identidad y el contexto personal tienen cada vez más peso. Salir en pijama no es solo una elección estética, es un síntoma de una sociedad que está replanteando sus prioridades, cuestionando sus reglas y redefiniendo el equilibrio entre lo que se espera y lo que se desea. En este sentido, la moda de salir en pijama no es simplemente una tendencia curiosa, sino una señal de cambio en la relación con el cuerpo, con la imagen y con el entorno social, donde la comodidad deja de ser secundaria para convertirse en protagonista y donde la moda, como siempre, no solo refleja la realidad, sino que la interpreta.

FUENTES

  • La Razón
  • Glamour
  • UnoTV
  • Leche Pascual
  • Vogue

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